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Apocalipsis del Sistema
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Esta novela es ficción. La familia, la casa, el taller y lo que se dicen son inventados. Lo que el padre encuentra está en la obra «Apocalipsis del Sistema», con sus mismas palabras, y el índice del final dice dónde.

Capítulo 11 Crónica: Pueblo débil

En China, un ministro del Estado de Qin escribió un libro de gobierno con una regla que no escondía nada: «pueblo débil, Estado fuerte; pueblo fuerte, Estado débil». Pedía también «castigo duro y culpa compartida»: que por la falta de uno pagaran los suyos. Aquel Estado puso la ley escrita por encima de la costumbre.

Al ministro le alcanzó su propia ley. Cuando murió el señor al que servía, lo descuartizaron con carros y acabaron con toda su familia: la culpa compartida que él mismo había implantado.

Su Estado unificó China en el 221 antes de Cristo y cayó en el 206. Su último rey reinó cuarenta y seis días. Las dos fechas son de segunda mano; lo de los cuarenta y seis días lo cuenta un historiador antiguo de China.

El autor lo lee así: los que escribieron que el pueblo debía ser débil «murieron por las mismas leyes que dictaron, y su imperio duró quince años».

En la India, unas leyes que se fechan entre el 200 antes de Cristo y el 200 después ponían medida a lo que el rey podía pedir: al artesano y al que trabaja con las manos, un día al mes de trabajo para el rey. Y guardaban lo confiado: «como se entregó el depósito, así debe devolverse». Pero las mismas leyes decían que el rey, aunque sea un niño, «es una gran deidad en forma humana».

En Roma, hacia el año 14 después de Cristo, un emperador dejó escrito que había superado a todos «en dignidad», pero que no tuvo «más poder que los que fueron también mis colegas en cada magistratura». Menos de un siglo después, otro emperador dictaba cartas que empezaban así: «Nuestro señor y dios ordena que se haga esto».

Entre medias, hacia el 80 o el 90, un evangelio cuenta lo que se les dijo a los recaudadores de impuestos: «No exijáis más de lo que os está ordenado».

Y a principios del siglo II, un historiador romano contó que una ley se había endurecido «para aumentar el erario», con premios para los que delataban, y que arruinó muchas fortunas. Dejó escrita una frase: «cuanto más corrupto el Estado, más numerosas las leyes».